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DANZA EL CIPOTE GARABATO

Notas De Prensa del Garabato

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HUMBERTO
PERNETT MONTAÑO

El caporal del
Cipote Garabato

Texto y Fotos
ROXANA CASTILLO

Desde finales de diciembre, Humberto Pernett Montaño no se quita el maquillaje de la cara. Medio rostro pintado de blanco y un punto rojo en cada mejilla simbolizan la vida y la muerte, la esencia del garabatero. En el Cipote Garabato se distingue porque luce medias rojas en vez de blancas por ser el portador de la tradición de este famoso grupo que lleva catorce años ganando los primeros lugares en el Carnaval de Barranquilla.

La capa es el orgullo del garabatero y la de Humberto es una obra de arte: tiene pintada una obra del maestro Alejandro Obregón reproducida por una amiga pintora y alrededor, muchas aplicaciones de figuras de marimondas, monocucos y congos bordadas en lentejuelas de todos los colores.

Su casa ha sido la sede del El Cipote Garabato desde que un grupo de sesenta parejas la fundó para el Carnaval de 1990, después de pertenecer por décadas a la cumbiamba La Cipote Vaina. Hasta ese entonces los garabatos no habían labrado el terreno de los desfiles de la Batalla de Flores o la Gran Parada, y se les ocurrió organizar un colectivo con todas las de la ley. Al inscribirla en la Corporación del Carnaval, a Jorge González Moscarela, uno de los integrantes más entusiastas, se le ocurrió bautizarla con el primer nombre que se le vino a la cabeza: “Cipote Garabato”.

La danza es una de las más vistosas del Carnaval. Su origen, como la mayoría de las tradiciones de esta fiesta, se remonta a las celebraciones de los campesinos de la zona de la Ciénaga Grande de la Magdalena. La coreografía y el vestuario tienen marcada influencia española, y la música fusiona ritmos africanos y españoles de los que resultan el pajarito, el chandé, el golpe alegre, o simplemente el garabato, como se le llama desde hace muchos años al toque característico de la tambora.

El garabato representa la lucha entre la vida y la muerte. Las parejas bailan celebrando con alegría, mientras la muerte esquelética los acecha para retarlos, hasta terminar derrotada después de una tenaz lucha con la vida.

Según la historia del Carnaval, el primer grupo de garabatos de Barranquilla lo lideró Sebastián Segura y aparecieron en el año 1886 en las calles del barrio Rebolo. El garabato del Country Club, comandado por el gran caporal Emiliano Vengoechea y sus descendientes marcó una pauta en la tradición garabatera del Carnaval por sus llamativos vestidos y por el gran desfile anual en el norte de la ciudad.

Con El Cipote Garabato, la danza tradicional ganó un amplio terreno para sembrar con su baile y su música la alegría del ser barranquillero. Al principio, los nuevos garabateros estaban llenos de expectativas; ensayaron varias semanas los desplazamientos en culebrillas y túneles y las figuras de caracoles, abanicos y olas hasta sentirse compenetrados con la música y dispuestos a sonreír todo el tiempo para ganarle la batalla al aburrimiento de la muerte.

Hasta hace unos años no existía la categoría de garabatos en la competencia de danzas y grupos folclóricos. La primera vez que participaron en el Carnaval, El Cipote Garabato ocupó el segundo lugar después de la Danza del Torito en la modalidad de danzas tradicionales; al segundo año ganaron y al tercero se midieron con otros garabatos que se habían motivado con su ejemplo en su propia categoría.

Humberto ha sido el gran caporal por la dignidad que se ha ganado con su alegría, disciplina y liderazgo. Ha sido presidente en dos ocasiones y actualmente es vicepresidente de la junta directiva de la Corporación Cipote Garabato, una entidad que trabaja todo el año para el Carnaval y los eventos en los que participan, presidida por su hermana Tita.

Todos lo respetan por lo que sabe, por sus ideas y por la firmeza con la que defiende las raíces del Carnaval. Aunque su vida es la arquitectura, se considera un investigador y un gestor cultural que está empeñado en engrandecer la fiesta barranquillera. Humberto es socio de la Fundación Folclórica del Carnaval y vicepresidente de Carnavacoop, la cooperativa de más de ciento cincuenta actores de la festividad.

La Noche de Garabatos del pasado 31 de enero fue inolvidable. Siete grupos se reunieron en la Carrera 49C entre 74 y 76 para acompañar al Cipote Garabato en su izada de bandera y ofrecer un maravilloso espectáculo a los cientos de personas que se aglomeraron en las aceras siguiendo el tum tum de la tambora. Esta velada es parte de la programación que el grupo está desarrollando como aporte cultural a la festividad que incluye una exposición de obras alusivas a la danza en la Galería del Hotel Puerta del Sol y el conversatorio que se realizó con varios investigadores.

Cada año, Humberto y sus danzantes se esmeran por hacer del Carnaval una gran fiesta. El grupo lo conforman cerca de ciento setenta bailarines, muchas de ellas son parejas que se han conocido bailando, se han casado y hoy sus hijos son los garabaticos que aseguran que el Cipote Garabato perdurará en el tiempo.

Augusto Parra es el gran caporal y lleva las medias amarillas. El artista Nito Montaño representa a la vida que combate con Eduardo Guzmán, la “terrible” muerte que sorprende a todos con los “disparates” que hace.

El grupo luce siempre impecable con un vestuario confeccionado según la tradición. Las mujeres lucen faldas negras largas y anchas y una blusa estilo bandeja del mismo color. La falda y la blusa llevan on arandelas en amarillo, verde y rojo, los colores de la bandera barranquillera. Las cayenas en la cabeza, zapatos negros y collares multicolores hacen parte de los accesorios femeninos.

Los hombres son quizás los que más llaman la atención por su lujoso atuendo: bombacho negro hasta las rodillas, con ribetes de encaje; medias blancas altas; camisa amarilla manga larga con una pechera roja con bordillo de encaje y decorada con símbolos de la danza; zapatos negros o cotizas, y una capa roja decorada a su gusto con canutillos y lentejuelas. Llevan también un sombrero blanco adornado con flores, y un garabato de madera con cintas de colores.

El sueño de Humberto no es una utopía: “Estoy seguro de que en cinco años habrá, por lo menos, veinte grupos como nosotros, y el vestido más representativo del Carnaval será el garabato”.

El Cipote Garabato ha llevado su alegría y colorido a muchas ferias y festivales de Colombia y Venezuela. Son el mejor ejemplo de cómo deben trabajar los grupos folclóricos, con disciplina, con visión panorámica y con un profundo amor a las raíces.
El año pasado, el jueves antes del Carnaval, murió doña Magola, la mamá de Humberto y la más entusiasta fanática de los garabatos. Esa vez no pudo estar en la última fila, con los ojos atentos, pendiente de los garabateros. En este Carnaval vuelve al ruedo en homenaje a ella, todavía con tristeza, pero con el valor de un garabatero que siempre le gana a la muerte.

 


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